lunes, 13 de julio de 2009

Las Palabras

Nueva aparición de Sartre por las ramas, ahora desde su libro "Las Palabras", exquisito:

Cayó la noche, se diluyeron en el espejo unas nubes de tinta, tragándose mi última encarnación. Al carecer de coartada, caí en mi mismo. En la oscuridad, adivinaba una duda indefinida, un roce, unos latidos, todo un animal vivo - el más terrible y el único que no me pudiese asustar -. Huí, volví a arrebatar a la luz mi papel de querubín deslucido. En vano. El espejo me había enseñado lo que siempre había sabido: era horriblemente natural. Aún no me he repuesto.

Lo que acabo de escribir es falso. Verdadero. Ni verdadero ni falso, como todo lo que se escribe sobre los locos, sobre los hombres. He contado los hechos con toda la exactitud que me ha permitido la memoria. ¿Pero hasta qué punto creía en mi delirio? Es la cuestión fundamental, y sin embargo, no la decido. He visto después que podíamos conocer todo de nuestros afectos, excepto su fuerza, es decir, su sinceridad.

Me decía: "¡todo puede ocurrir!", y quería decir: "puedo imaginarlo todo".

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