lunes, 15 de febrero de 2010

Luz de Asia

Pero, al observar el fondo de las cosas, vio
cómo crecían espinas debajo de esta rosa de la vida;
y que el campesino gana su salario con sudor,
y que padece para poder vivir; hostigando a los bueyes
de ojos grandes en las horas cálidas, aguijoneando
sus flancos.
Reparó que el lacerto se come a la hormiga y el milano
a los dos; que el halcón pescador
le roba su presa al gato montés y que la urraca
persigue al ruiseñor que cazaba
mariposas de colores; vio que todos
daban muerte a un matador y, a su vez, era muerto
viviendo la vida de la muerte.
El espectáculo que era encantador escondía
una extensa, salvaje, conspiración de crímenes mutuos,
desde el gusano hasta el hombre,
que, también, asesinaba al prójimo;
contemplando esto -al labrador hambriento
y a sus bueyes castigados por el yugo cruel
y esa rabia por vivir que llevaba a la contienda
a todo ser vivo-, el príncipe Siddârtha suspiró

- Sir Edwin Arnold

1 comentario:

  1. Si hay cura, ¿Para qué preocuparse?
    Si no hay cura, ¿Para qué preocuparse?

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